Chardin y el sparkling

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Durante la mayor parte de su vida, Chardin no se dedicó a colorear grandes batallas épicas o rostros aristócratas: se convirtió en un maestro de la pintura a través de cacerolas, jarras y cucharones. Fue un verdadero mago: su truco consistió en robar instantes artísticos al mundo de lo cotidiano y congelarlos en su lienzo.

Los brillos, el volumen, la textura de La fontaine de cuivre convierten un simple recipiente de agua en una obra de arte. La fuente de cobre, con su aura barroca y su intimidad rococó, expresa la capacidad del hombre de asombrarse con la belleza inédita de los objetos que lo rodean.

En tiempos de Luis XV, cada cocina atesoraba en un rincón el agua pura. Casi trescientos años después, el mundo parece haber cambiado tanto y sin embargo, aparece congelado, como en un cuadro de Chardin. La próxima vez que pases frente a un dispenser, miralo bien: tal vez aparezca en el reflejo del agua la magia del pintor francés.

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One Response to “Chardin y el sparkling”

  1. yage 06. Jul, 2009 at 3:49 pm #

    ¿Cuánto falta para que alguien exponga un Aqualine en la Bienal de algún lado? Genial la entrada jaja

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